Acta del cabildo de Santa Fe correspondiente al 8 de enero de 1725, donde el Capitán Francisco de Frías, recientemente designado alcalde de la hermandad, pide al cabildo orientación sobre la jurisdicción que le
corresponde gobernar. Acta del Cabildo de Santa Fe – Archivo General de la Provincia de Santa Fe, Actas Capitulares, Tomo IX, ff. 75-76
El contexto de los años 1720 era complejo para la ciudad de Santa Fe: ese
año, el procurador general Miguel de Layllosa hab
ía acusado el impacto de una
entrada de abipones y relacionaba la debilidad de la ciudad con los servicios
prestados a la gobe
rnación en Colonia del Sacramento.
A comienzos de julio de 1721, los vecinos no estaban seguros de poder
sostener la ciudad y, en consecuencia, el cabildo comenzó a tratar la
posibilidad de mudarla nuevamente. La mitad de los capitulares se hallaba en
en
el Perú o en el Paraguay y, en medio de un despoblamiento de más de cien
vecinos (entre un cuarto y un tercio de los que tenía la ciudad) se cernía la
amenaza de un nuevo traslado y se preparaba una expedición a la zona
denominada “valle calchaquí”; mientr
as tanto, como ya hemos visto, se
consensuaba el límite con la jurisdicción de Buenos Aires en el Arroyo del
Medio.
La continuidad de Santa Fe como ciudad viable estaba condicionada por lo que
los criollos llamaban “seguridad” en las rutas fluviales y terrestres, la cual
dependía de una pacificación –militarización punitiva contra los infieles– de las
fronteras y a la estabilización de las comunidades cristianas y cristianizadas,
mediante prácticas pastorales y evangelizadoras que parecían no haber sido
eficaces, o al menos de una eficacia efímera. Hoy sabemos que la ciudad no se
trasladó en esa coyuntura crítica pero también sabemos algo menos evidente:
que la despoblación de los pagos del norte y del oeste fue un proceso
intermitente e incompleto que activó migraciones de diferente tipo, desplazando
gente hacia la frontera sur, provocando una mayor densidad demográfica y
relacional en el área.
Pero no solo el norte santafesino era objeto de la presi
ón de abipones y mocovíes. El flanco oeste del joven
pago de Coronda era francamente accesible para los grupos guaycurúes, que lo atacaron en 1714, 1719 y 1722. Después
de esa secuencia, en 1723, los vecinos de la zona volvieron a manifestar a las
autoridades de la ciudad su “ánimo de desertarla y desampararla”,
como dice el
documento.
Muchas de estas familias de Santa Fe y Coronda tomaron el camino del Sur, y
algunas se asentaron en la jurisdicción del pago de los Arroyos
Darío G. Barriera y Miriam S. Moriconi
Para seguir leyendo:
Gobiernos y territorialidades: Coronda, de caserío a curato (Santa Fe, Gobernación
y Obispado de Buenos Aires, 1660-1749)
Investigación realizada con fondos del CONICET entre 2013 y 2015.