Relación histórica del Pueblo Jurisdicción del Rosario de los Arroyos, en el
Gobierno de Santa Fe, Provincia de Buenos-Ayres
En el “Proyecto y fundamentos” que presentó al Concejo Municipal de Rosario el 11 de marzo de 1924 –documento número 1 de este conjunto–, el Dr. Calixto Lassaga aseguraba que el trabajo más antiguo que explicaba cómo se formó el pueblo del Rosario lo había publicado en 1802 don Pedro Tuella en el Telégrafo Mercantil, “primer periódico aparecido en Buenos Aires”, donde el oriundo de Aragón (España) aseguraba haber descubierto “el principio” de este pueblo en el año 1725, en medio de las luchas entre calchaquíes y guaycurúes, pobladores nativos de las zonas que se extienden al oeste y al noroeste de nuestro espacio litoral.
Según Tuella, recuperado por Lassaga, Francisco Godoy trajo a los guaycurúes por el Carcarañá y se instaló por aquí con ellos y su familia, seguido luego por su suegro, Nicolás Martínez. Fijado el “principio de este pueblo”, Tuella afirma que no estaba nada mal como elemento distintivo que, en sus orígenes, pudiera contarse a un personaje que tuviera el “ilustre apellido de Godoy”. Después de eso, Lassaga dice (todo cierto) que no tardaron en llegar más familias, que se creó un curato (fue en 1730), que se nombró cura del mismo a don Ambrosio Alzugarai, etc. Pero nada dice de una fundación.
Es Lassaga, entonces, quien intenta justificar a Tuella, diciendo que encuentra “aceptable por su verosimilitud” todo lo que dice, pero que reconoce las dificultades que pudo haber tenido en 1802 para sabre lo que había pasado en 1725, “ya que no disponía de prueba documental”.
Pedro Tuella había llegado al Rosario en 1759 (apenas 34 años después de 1725), entonces –prosigue– no sería difícil que algunos de los primeros pobladores o sus descendientes le hubiera contado algo. Lassaga hace una rendición de cuentas y, de lo publicado por Tuella, se queda con esto: que Godoy vino con su familia a establecerse en el sitio que ocupa nuestra ciudad; b) que Godoy trajo consigo una tribu de indios calchaquíes; que a Godoy lo siguió su suegro Martínez con la familia; y que no tardaron en venir otras familias. Su conclusión, no obstante, es sorpresiva para alguien tan familiarizado con la historia: todo esto, más la reiteración de la frase “hacia el año 1725 se descubre el principio de este pueblo”, sumado al reconocimiento de Godoy como un apellido ilustre (dice ahora Lassaga) alcanza para proclamarlo (a Godoy) como “fundador del Rosario”.
Más adelante, promediando el mismo documento, Lassaga casi discute consigo mismo cuando escribe: “Tratándose, pues, de la creación de un curato en 1730, en sitio en que existían ya poblaciones hacia 1725, pienso debe considerarse esta fecha y no aquella, como en la que ya existía un pueblo”.
Eso es 1725… una fecha en la que “ya existía un pueblo”, aunque no se hubiera fundado una ciudad.
Ahora bien, si nuestro recorrido lo que pretende es estudiar ya no el origen de una celebración sino la historia profunda de Rosario, legítimamente podemos preguntarnos: ¿qué cosas pasaron en 1725 y por qué, aun cuando no haya habido una fundación, ese año es de todos modos importante para el pasado del espacio que hoy ocupa nuestra ciudad?
Darío G. Barriera
Para saber más:
Sobre Pedro Tuella y Mompesar, sus cargos en Rosario y el contexto en el cual elaboró sus publicaciones para El telégrafo mercantil, véase Darío G. Barriera y Griselda Tarragó, Santa Fe hace 200 años (pág. 78).